El profesorado debe estar en el centro de la transformación docente.
Desde la Confederación de STEs Intersindical llevamos mucho tiempo señalando que muchos de los errores cometidos en la elaboración e implementación de políticas públicas educativas tienen que ver con el abandono del profesorado y con la ausencia de mecanismos que realmente tuviesen en cuenta la opinión del profesorado. Al contrario, en los últimos años hemos visto faltas de respeto y ataques hacia la labor de las trabajadoras y trabajadores de la enseñanza por parte de los administraciones educativas, falta de interés para mejorar las condiciones laborales y salariales así como un diálogo social o negociación que se ha quedado en un nivel meramente formal o superficial, en el mejor de los casos.
La Cumbre Mundial sobre Docentes celebrada entre el 27 y el 29 de agosto en Chile ha contado este año con una nutrida participación de docentes y organizaciones sindicales de todo el mundo. STEs ha formado parte de esta delegación de miembros de la Internacional de la Educación con un objetivo claro: garantizar que se reconoce el valor de la profesión docente y se dignifica su labor. Un objetivo que requiere compromisos que se concreten en acciones: unas mejores condiciones laborales, salarios dignos, tiempos pedagógicos adecuados, espacios de participación efectiva del profesorado en la toma de decisiones, estabilidad laboral, mejora del bienestar docente, entre otras cuestiones.
En el centro de los debates no solo hemos encontrado esta necesidad de dignificar la profesión docente sino que también se han tratado temas de especial relevancia como la gran dimisión del profesorado que afecta a nivel mundial, la financiación de la educación pública para garantizar que esta cuenta con los recursos necesarios, la transformación digital y el papel del profesorado en el avance de la IA y las nuevas tecnologías, entre otros.
Las soluciones para revalorizar la profesión docente no son nuevas y así se ha recordado en los diferentes paneles, grupos de trabajo y plenarios en los que hemos participado en esta Cumbre. Las recomendaciones de las Naciones Unidas sobre la profesión docente fueron muy claras señalando la necesidad de los Estados de garantizar esas mejoras necesarias que pongan al profesorado en el centro de las transformaciones docentes. Y estas pasan, ineludiblemente, porque las políticas educativas se desarrollen a partir de un diálogo social efectivo.
Es necesario, por lo tanto, que el consenso de Santiago y las recomendaciones de las Naciones Unidas sobre la profesión docente no queden en papel mojado y se transformen en acciones concretas que lleguen a cada centro educativo, a cada aula, a cada trabajadora y trabajador de la enseñanza. Es momento de ver cómo se concreta esta voluntad de poner en valor la profesión docente y garantizar un mejor futuro para la Escuela Pública y desde el Ministerio de Educación se avanza de manera decidida en las negociaciones del Estatuto Docente que llevan meses completamente estancadas.
No podemos seguir esperando. Nuestro alumnado no merece esperar más. Las trabajadoras y trabajadores de la enseñanza, que comienzan ahora un nuevo curso, no esperaran sentadas estas mejoras. Y como vimos el pasado curso en Asturias, Cantabria, Cataluña, País Vasco o Andalucía, entre otros territorios, viviremos un nuevo curso de movilizaciones si no se escucha la voz del profesorado y se avanza en una agenda docente con mejoras para la educación pública.



