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25 de noviembre, día
contra la violencia hacia la mujer
¡Estamos hartas!
Es verdad que vivimos en una sociedad violenta. La
violencia forma parte de nuestras vidas: estructuralmente,
porque sostiene y perpetúa el sistema –venta de armas,
narcotráfico, guerras, invasiones, expolios...-; y
simbólicamente, porque ni siquiera percibimos como violencia
lo que nos machaca cada día: condiciones laborales, sexismo
en sus diversas formas, información sesgada e interesada,
etc.
Afortunadamente, de las múltiples formas de violencia que
padecemos las mujeres en este sistema androcéntrico y
sexista –anuncios, contratos precarios, falta de paridad,
tráfico de mujeres, empobrecimiento, prostitución, etc.- hay
una, tan extrema, que vamos percibiendo como una forma
específica de violencia contra las mujeres: el asesinato.
Al menos hemos avanzado en eso. La violencia física contra
las mujeres -el maltrato y el asesinato-, se va percibiendo
por la sociedad como algo inadmisible e injustificable. Pero
poco más.
Estamos hartas. No de la “violencia de género”, que se
diluye en conceptos abstractos que parecen no tener nada que
ver con nuestras vidas. Estamos hartas de que miles de
mujeres sean maltratadas cada año por sus compañeros.
Estamos hartas de que a las mujeres las maten los hombres.
Porque es así. Sólo mirando de frente el problema, podremos
intentar solucionarlo. Las mujeres son asesinadas por sus
compañeros, maridos, hijos, vecinos, etc. Estamos hartas de
salir a la calle, de pedir una ley integral, de plantear la
necesidad de un modelo coeducativo como forma de prevención
de la violencia, sin que se nos oiga. Estamos hartas de que
los políticos salgan al paso de los asesinatos de mujeres,
con meras declaraciones que sólo persiguen la rentabilidad
política.
Estamos hartas de tanta violencia cotidiana. Es fundamental
que las mujeres, y también los hombres, percibamos como
violencia todo aquello que nos agrede cada día. Es necesario
que transgredamos, interna y externamente, el orden
establecido: no es peor estar sola que con un maltratador,
no es peor mostrar la debilidad y los sentimientos que
ejercer la fuerza destructiva para mantener el esquema
dominio-sumisión que caracteriza la mayoría de las
relaciones entre hombres y mujeres.
Las mujeres, tradicionalmente, estamos vinculadas a la vida:
a su reproducción y a su cuidado; no por esencia, sino
porque esa ha sido nuestra historia.
La vida es un valor. Nuestra vida, también. Las 84 mujeres
asesinadas en lo que va de año tenían una vida, ilusiones,
expectativas, que han sido destruidas sin sentido por la
violencia machista.
En su prevención y erradicación estamos implicados todos y
todas. Los agentes sociales y la clase política más; porque,
de seguir así, sin los recursos necesarios y las medidas
políticas oportunas, muchas nos moriremos, con suerte, de
viejas, denunciando cada 25 de noviembre la violencia contra
las mujeres.
Laura Villafuerte Rodríguez
Responsable de la Organización de Mujeres de la
Confederación de STEs-i
NIF 28.857.602-P |