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Tras el suicidio del joven de Hondarribia
Acabar con el bullying supone un cambio de actitud y es una responsabilidad de los gobiernos

Hay que dar formación al profesorado, al alumnado y a las familias
Todos los centros educativos deben tener su plan anti-Bullying

07-10-04

La muerte de un joven de 14 años en Hondarribia ha colocado como tema de debate en la opinión pública las situaciones de acoso que se producen entre el alumnado. Este fenómeno ha existido desde siempre, en todo tipo de centros educativos, sean éstos públicos o privados, elitistas o marginales, en grandes ciudades o pueblos pequeños. Y era tomado como algo normal a lo que no se le daba ninguna importancia.

La aparición de una cultura de defensa de los Derechos Humanos en todos los ámbitos y las investigaciones de muchos profesionales de la educación han venido a cuestionar situaciones de acoso cotidianas que se dan en el ámbito laboral, en el familiar y también en el escolar. Se les pone nombre y empiezan a ser consideradas como socialmente inaceptables, iniciándose una lucha por su erradicación.

Desgraciadamente fueron dramas como el de Hondarribia los que en otros países despertaron el interés de los investigadores. Fue la existencia de un promedio de suicidios anuales la que llevó al Gobierno de Gran Bretaña a establecer mediante normativa que todos los colegios debían tener un plan anti-Bullying.

La Confederación de STEs-intersindical considera que la muerte del joven Jokin en Hondarribia debe suponer un salto cualitativo en el abordaje del Bullying en nuestros centros educativos. La lucha contra el Bullying no puede seguir siendo sólo una labor voluntariosa de los y las docentes y de las familias. Debe ser la Administración Educativa quien dirija y encabece una lucha organizada contra el bullying en todos los centros educativos, tanto públicos como privados, destinando para ello los recursos que sean necesarios.

• Debe proporcionarse formación a todo el profesorado, al alumnado y a las familias para que conozcan qué es el Bullying, cómo detectarlo y cómo afrontarlo. Hay que impartir la formación en cada centro.
• En cada centro hay que analizar cuáles son los espacios y los períodos de tiempo en los que la presencia de adultos es menor, pues es en ellos en los que se producen la mayor parte de las agresiones entre el alumnado.
• Consecuentemente con ese diagnóstico, habrá que incrementar el número de adultos en esos espacios y períodos de tiempo, contratando mayor cantidad de monitores para el tiempo de comedor y de recreo, e implantando acompañantes de autobús para velar por este fenómeno.
• Deben crearse números de teléfono gratuitos para la atención y orientación a las víctimas y la realización de denuncias de situaciones de acoso entre el alumnado.
• Deben realizarse estudios e investigaciones para medir el nivel de incidencia del Bullying en cada centro, para poder tomar las medidas pertinentes.
• Los centros deben poder disponer de personal especializado para el tratamiento de las víctimas, de los agresores y de los testigos. Todos tienen mucha vida por delante como para seguir en ese papel para siempre. Merecen una oportunidad para salir de su situación.
• El reto educativo que debemos superar es romper la indiferencia de los testigos, hacer que esa gran mayoría del alumnado deje de mirar hacia otro lado y se ponga del lado del más débil. En juego está su educación moral.
Todo ello debe hacerse con gran rigor, evitando ver de repente bullying en todas partes, apoyándose en las experiencias que ya se han tenido y aprendiendo de los errores.

La Confederación de STEs-intersindical, además de formular estas exigencias a las Administraciones Educativas, apoyará las iniciativas educativas que desde los centros se tomen con el fin de empezar a construir espacios escolares más sanos y más seguros.

José María Avilés Martínez
Responsable de Salud Laboral de la Confederación de STEs-Intersindical


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