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NOTAS DE PRENSA Y ARTÍCULOS DE OPINIÓN |
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STEs-i Sindicatos de
Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza El informe sobre salarios del Instituto Nacional de Estadística corrobora que la brecha salarial del siglo XX sigue siendo una realidad para las mujeres trabajadoras del siglo XXI Los datos publicados por el INE en la Encuesta Anual de Estructura salarial 2007, publicada el martes 22 de septiembre de 2009, refleja una evidente diferencia salarial entre hombres y mujeres, con el dato de que el salario de las mujeres es un 25,6% inferior al de los hombres. Las mujeres cobraron de media 5.836,4 euros menos que los hombres en 2007, aunque esta diferencia se reduce, según esta Encuesta, si se consideran situaciones similares respecto a variables como el tipo de contrato, la jornada, la ocupación o la antigüedad, entre otros. El Informe afirma que la desigualdad de la distribución salarial entre hombres y mujeres "es apreciable" y así, en 2007, el 20,2% de las mujeres tenían ingresos salariales menores o iguales al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), mientras que sólo se encontraba en esa situación el 7% de los hombres. Además, el 16,7% de los hombres tuvo unos ingresos cuatro veces superiores al SMI, frente al 7,4% de las mujeres, diferencia que se debe principalmente al mayor índice de precariedad laboral en las mujeres, como la temporalidad y el empleo a tiempo parcial. Por Comunidades Autónomas, el salario medio de las mujeres fue en 2007 entre un 20 y un 30% inferior al de los hombres. Las diferencias más acusadas correspondieron a Aragón y Asturias, donde las mujeres percibieron un sueldo inferior a los hombres en un 31,08% y un 29,86% respectivamente. La otra cara de la moneda la presentaron Canarias y Extremadura, ya que la desigualdad se redujo a un 13,6% y a un 15,78% cada una. Además de los datos que da el Informe, tenemos que tener en cuenta que la brecha salarial entre hombres y mujeres en España está muy por encima de la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 15,4. En las economías europeas más avanzadas, como las escandinavas, las mayores diferencias salariales entre hombres y mujeres se producen en los empleos de alta cualificación; sin embargo, en España y en otros países del área mediterránea, las mujeres tienen salarios más bajos que los hombres, no sólo en los niveles altos, sino también en los empleos menos cualificados. Estos datos nos deben llevar a reflexionar sobre los
motivos y las razones por las que no se logra superar esa brecha,
especialmente en España. A pesar del importante incremento de mujeres en
el mercado de trabajo y de que las mujeres estamos hoy
significativamente mas preparadas que las de hace sólo dos décadas, a
pesar de que nosotras somos las que llegamos en mayor número a la
universidad, obtenemos notas más elevadas y finalizamos antes los
estudios, sin embargo el mercado de trabajo no responde a nuestras
expectativa y no se alcanza ni de cerca las cotas de igualdad que
deberían responder a un momento como el actual, pues se han puesto en
marcha durante estos últimos años numerosas iniciativas y acciones
legislativas de ámbito estatal, europeo e internacional. Ante esta
realidad, es necesario indagar y encontrar las razones por las que
persisten estas diferencias y sólo de esta manera se podrán buscar
soluciones. Las razones de las desigualdades salariales son muy
complejas porque intervienen múltiples factores, como los prejuicios
sociales, los estereotipos, la falta de corresponsabilidad en las
familias, la formación, la economía, las acciones legislativas, etc. Las
mujeres no perciben el mismo salario que los hombres principalmente
porque no ocupan los mismos empleos, es decir, porque persiste la
segregación horizontal, que concentra a las mujeres en ciertos sectores
de la actividad y en ciertas ocupaciones; y la segregación vertical, que
supone un desigual reparto de hombres y mujeres en la escala jerárquica
e impide a las mujeres acceder a los puestos de decisión y mejor
remunerados. Además de estos, contribuyen otros factores, entre otros,
la persistencia de ciertos prejuicios sociales y estereotipos que
presuponen que las mujeres están menos disponibles y que son menos
capaces que los hombres y que su implicación en el mundo laboral es
inferior a los hombres; o a la presencia mayoritaria de mujeres en los
empleos precarios y a tiempo parcial, lo que supone un salario reducido,
etc. |
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