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Nueva Ley de Educación de Cataluña, una catástrofe anunciada

Por Xavier Diez
14-01-08

Explica Naomi Klein, en su último libro La doctrina del Shock, cómo el neoliberalismo induce catástrofes colectivas para conseguir que, en situación de colapso, la sociedad civil no pueda defenderse mientras los propietarios de capital se dedican al saqueo de los servicios públicos y los espacios comunes.
El primer ejemplo expuesto describe como el mismo Milton Friedman y sus discípulos cayeron como buitres sobre el sistema de educación pública de la Nueva Orleans inundada por el Katrina, durante los últimos días del verano de 2005. Al cabo de año y medio, con una amplia proporción de la población exiliada, de las 123 escuelas públicas, quedaron 4. Se inundó de dinero público a las escuelas privadas con derecho de admisión, de manera que pasaron de 7 a 31. Puede decirse que los neoliberales procedieron a uns limpieza étnica, debido a que la población afroamericana resultó ser la más perjudicada por la catástrofe.

No se trataba de su primera fechoría. Años atrás, en 1973, Friedman, gurú del neoliberalismo y maestro de la nueva izquierda, desembarcó en el Chile de Pinochet para poner en marcha una privatización brutal del sistema educativo: municipalización, cheques escolares, autonomía de centro, gestión privada, selección de profesorado por parte de direcciones autoritarias y otras cosas que coinciden en la forma, en el fondo, y hasta en la terminología, con el documento de Bases de la Nueva Ley de Educación de Cataluña (LEC).

El objetivo entonces estaba claro: la erradicación de los proyectos cohesionadores de la sociedad chilena, la obtención de beneficios empresariales mediante financiamiento público y el blindaje social de las clases dominantes y exclusión creciente de quienes no poseen recursos económicos y culturales. Lo resultados, espeluznantes. Chile es una de las sociedades más desigualitarias del planeta, que tras los éxitos económicos, esconde un gran fracaso y fractura social.

La LEC representa una amenaza de primer orden, no únicamente contra la educación pública, sino contra la sociedad en su conjunto. No persigue otra excelencia que la de los centros de alto standing que seleccionan al alumnado en función del poder adquisitivo. El sistema educativo actual es todavía, a pesar de los esfuerzos guvernamentales, cohesionador. Y esto ha dejado de interesar a una clase política en la que hechos y palabras no coinciden, o donde los enunciados ocultan prácticas inconfesables. Este documento, impulsado por un gobierno autodenominado progresista y de izquierdas parece calcado de la doctrina del shock descrita por Klein, y persigue una involución hacia un modelo social anterior a la revolución francesa. Es decir, pretende serrar el cable del ascensor social que ha constituído la escuela pública tal como la conocemos, poniendo fin a valores como la igualdad, la solidaridad y la cohesión, en detrimento de una libertad que solamente lo es para el mercado.
Las ideas de Friedman, llegadas a nuestra izquierda directamente por la tercera vía del laborismo británico, ha servido para inducir la presunta catástrofe que envuelve a nuestro sistema educativo. Es una extraña casualidad que el anuncio del conseller coincida con una lluvia de noticias que cuestionan la salud del sistema. Esto, en teoría de la comuncación ,se conoce como creación de clima a partir de la temporalización del discurso, a pesar de que sobre ello ya había hablado Maquiavelo hace cinco siglos. Objetivamente, a pesar de que se trata de construir una percepción negativa, nuestro sistema educativo funciona mucho mejor de la imagen proyectada por los medios y de lo que la opinión pública estaría dispuesta a aceptar. Sin embargo, también es cierto que las disfunciones de la educación catalana han sido propiciadas por la propia administración. Unos cuantos ejemplos. La confusión legal a la cual ha sido sometido el profesorado, con cuatro leyes contradictorias a lo largo de dieciséis años, y objetivos poco realistas ha conseguido erosionar la confianza en el sistema. El retroceso en el nivel de lectura del alumnado debe tener relación con la extensión sutil del sistema global de aprendizaje de la lectoescritura, desde principios de los noventa. ¿No es una casualidad que este método haya sido prohibido en Francia por su probada ineficiencia? Todos coinciden en que el comienzo de la secundaria a los 12 años, con el traslado de preadolescentes a grandes institutos, fue un error. ¿Se plantea corregirlo? La deslealtad inversora viene siendo endémica. Finalmente, el último invento, la sexta hora en primaria, ha contado con análisis extremadamente críticos por la Fundació Jaume Bofill o estudios encargados por el propio Departamento de Educación. Todos coinciden en que su aplicación precipitada e irreflexiva está suponiendo un deterioro considerable en la dinámica de los centros, en detrimento de la única medicina que ha demostrado sobradamente su eficacia: apoyos individuales, rebajas de ratios y formación continua de calidad para los docentes.

Los informes PISA merecen valoración a parte. Sufragados y organizados por la OCDE, y por tanto, al servicio de los intereses privatizadores de las compañías multinacionales, se realiza una evaluación que, en general, premia a aquellos estados que someten su sistema a los intereses empresariales y sanciona a aquellos más preocupados de una formación integral y mayor cohesión social que únicamente la red pública puede ofrecer. A la hora de realizar cualquier valoración, siempre vale la pena recordar la frase ¿qui prodest?, ¿a quién beneficia?

Hablando de los romanos, vale la pena recordar una historia a los entusiastas de las privatizaciones. El Imperio Romano fue un ejemplo de potencia capitalista. Incluso las personas podían ser adquiridas en los mercados. El servicio de bomberos era privado. Cuando se incendiaba una casa, los apagafuegos, algunos de ellos pirómanos por imperativo profesional, discutían con los propietarios el precio del servicio mientras ardía el edificio. Se establecía un regateo que iba aumentando el precio a medida que la llamas se expandían. Finalmente, los desgraciados propietarios entraban en bancarrota, ya fuera por el fuego, o la factura. ¡Cuidado con los incendiarios del estado del bienestar, pirómanos que suspiran por hacer negocio de las conquistas sociales!

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