COMPARECENCIA ANTE LA COMISIÓN DE EDUCACIÓN DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS SOBRE LEY ORGÁNICA DE CALIDAD DE LA EDUCACIÓN (L.O.C.E.)

La Confederación de STEs ha sido invitada a la Comisión de Educación y Cultura del Congreso para exponer su punto de vista sobre la LOCE. La comparencia se realizó el 7 de octubre.

El texto que sigue es la intervención integra de nuestro portavoz.

INTERVENCIÓN DEL PORTAVOZ DE STES

Agradecer, en primer lugar, al Presidente de la Comisión la invitación realizada a la Confederación de Sindicatos de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza (STEs) para poder expresar ante las personas componentes de la misma la valoración que realizamos sobre el proyecto de Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE). Quiero valorar lo que supone la invitación realizada, pues si mal no recuerdo es la primera vez que se invita a la Confederación de STEs a esta Comisión, y eso que los STEs somos la segunda fuerza sindical en el ámbito de la enseñanza pública en el conjunto del Estado. Por esta Comisión creo que van a pasar, que estamos pasando, muy distintas organizaciones sindicales y sociales, por lo que me atrevo a señalar que, aunque todas las opiniones son válidas, no todas las opiniones valen lo mismo, pues no todas tienen el mismo respaldo expresado en número de votos.

Desde el punto de vista de la Confederación de STEs la LOCE ni es una ley necesaria, ni contempla las medidas que necesita nuestro sistema educativo para mejorar.

Es evidente que tras doce años de la promulgación de la LOGSE son necesarios cambios, pues hay problemas. Muchos de los retos a los que trató de responder esta ley siguen estando pendientes al día de hoy. Por esto hay que hacer un poco de memoria; en el momento de aprobación de la LOGSE, los STEs y otras voces progresistas, denunciamos sus deficiencias. La LOGSE no abordó todos los aspectos necesarios para mejorar la calidad de la educación. Se dieron por supuestas condiciones en los centros y en el profesorado que no existían y, pese a los retrasos en su implantación, no se fueron creando las condiciones suficientes a medida que se implantaba para asegurar su éxito. Cuando denunciamos que la LOGSE nacería muerta si no iba acompañada de la financiación adecuada, y no sólo de una memoria económica, sabíamos, como se vio más tarde, que este déficit impediría elementos esenciales para su desarrollo: construcciones, recursos materiales y humanos para la atención a la diversidad, programas realistas para capacitar al profesorado ante los nuevos retos educativos, tanto en su formación inicial como permanente, mejoras laborales que lo posibilitaran, inclusión de nuevos profesionales en las plantillas de los Institutos, etc.

La situación ahora es compleja, aunque las estadísticas oficiales nos dicen que el fracaso escolar ha disminuido, pasando de un 37% en 1989, a un 23’6% en el año 1999, y ahora puede rondar, según los expertos, en torno al 20%, como la media de la OCDE; estos datos deberían hacer que todos los que estamos inmersos en el mundo de la enseñanza, pero sobre todo la administración educativa, tuviéramos un moderado optimismo ante el futuro, pero parece que políticamente esto no interesa al partido gobernante, por lo que se ha trasladado a la opinión pública los fracasos y no los éxitos, lo que ha generado un ambiente, especialmente en torno a la Educación Secundaria que no es el mejor ni para que el profesorado pueda realizar su trabajo, ni tampoco para el correcto funcionamiento de nuestro sistema educativo. También queremos indicar que no se puede atribuir gratuitamente a la ampliación de la escolaridad obligatoria ni a la implantación de un currículum comprensivo los problemas de fracaso, de abandono o de indisciplina que se detectan en nuestros centros educativos. Ensayar nuevas reformas o, mejor, realizar una contrarreforma sin haber analizado previamente y con seriedad las causas del mal funcionamiento, que no del fracaso, de las anteriores, llevará a que los problemas se mantengan, se reproduzcan y se multipliquen, pues sus causas son de fondo y continuarán también con la nueva ley.

El proceso de elaboración del proyecto de ley se puede calificar de cualquier cosa menos de democrático. Unas propuestas del MEC fueron apareciendo a lo largo del curso pasado a través de ambigüedades e imprecisiones y mezcladas con descalificaciones al sistema actual; otras, como las de los “itinerarios” vienen de hace unos años, de la época en que el Sr. Nasarre, Presidente de esta Comisión era Secretario General de Educación del MEC.

El “Documento de bases para una ley de calidad de la educación” presentado por el MEC en marzo de este año y el debate realizado sobre el mismo se podría calificar simplemente de “broma” si no fuera porque es la base en la que se sustenta este importante proyecto de ley.

El anteproyecto no ha sido realmente discutido por los sectores sociales implicados en la educación, ni con las distintas organizaciones de la comunidad educativa. El MEC se ha limitado a realizar consultas con algunas entidades, la mayoría no representativas, a convocar jornadas propagandísticas con invitados a la carta y a utilizar los medios de comunicación para justificar su proceso de reforma y haciendo, repito, una descalificación del funcionamiento de la enseñanza.

Hay que señalar que pese a que la ley afecta en gran medida al profesorado y a sus condiciones de trabajo, el MEC no ha pasado el anteproyecto ni el proyecto por la Mesa Sectorial de Educación, donde estamos las organizaciones verdaderamente representativas del profesorado, como entendemos que es preceptivo y, por si esto fuera poco, también hay que señalar que a algunas personas y organizaciones, como a los STEs, se nos impidió expresar en el Consejo Escolar del Estado nuestra opinión sobre el anteproyecto.

Para la Confederación de STEs la política neoliberal que el gobierno del PP está desarrollando en los distintos ámbitos sociales y económicos, se concreta en el terreno educativo en tres leyes, la LOU y la Ley de FP, ya aprobadas,  y la mal llamada “ley de calidad”. El objetivo último de estas leyes, en línea con el neoliberalismo, aspira a poner la enseñanza y el dinero público destinado a la misma en los Presupuestos Generales del Estado y en los de cada Comunidad Autónoma al servicio de las empresas de enseñanza, empresas entre las que destaca la Iglesia Católica, dentro de una política general de privatización de los servicios públicos, política que pasa por descalificarlos y deteriorarlos primero y privatizarlos después.

El proyecto de ley plantea un cambio en profundidad del sistema educativo, utilizando como aval interpretaciones sesgadas de informes comparativos de sistemas educativos e instrumentalizando el malestar del profesorado, haciendo recaer sobre el modelo comprensivo la responsabilidad exclusiva de los males educativos de este país; males a los que durante los seis años que lleva el gobierno del PP gestionando la política educativa no sólo no ha querido poner remedio, sino que ha contribuido a agravar disminuyendo los recursos, pues se ha pasado de invertir el 4’9% del PIB en el año 1993 al 4’5% en el 1.998, cifra que se mantiene actualmente; esta disminución de 0’4 puntos supone que se dedican a la enseñanza tres mil millones de euros menos cada año y, mientras tanto, van aumentando las subvenciones a la enseñanza privada.

El proyecto de ley se plantea con un nombre altamente pretencioso, “ley orgánica de calidad de la educación”, como si la enseñanza, la educación actual no fuera de calidad, infravalorando al mismo tiempo a todo el sistema educativo y el trabajo del profesorado. Se habla de calidad y lo hacen partiendo de unos principios cuyos enunciados pueden parecer asépticos, pero que en realidad esconden la filosofía de una política conservadora que pretende acabar con la línea pedagógica que marca nuestra sistema educativo y que no es otra que la línea de la igualdad de todos y todas en el acceso a la educación, igualdad de posibilidades en el desarrollo de sus capacidades, y en la apuesta por la compensación de desigualdades; el proyecto nos marca otra línea, nos habla de selección y de clasificación, lo que quiere decir segregación y privilegios para unos pocos.

El proyecto de ley nos habla de “educación preescolar”, de educación asistencial, rompiendo el marco actual que considera toda la etapa educativa de 0 a 6 años como una etapa educativa. El proyecto nos vuelve así al pasado, cuando lo que en realidad se necesita es que sea norma básica para todo el Estado el que toda la etapa se regule y se gestione desde las Consejerías de Educación. El gobierno, sin aumentar los presupuestos, quiere hacer obligatoria la financiación de la Ed. Infantil en todas las comunidades, aspecto que rechazamos de manera absoluta pues es una etapa no obligatoria y el presupuesto que se quiere destinar a este fin debería destinarse a la creación de plazas públicas en el tramos 0-3, a la mejora de las infraestructuras en el 3-6 y para hacer efectivo el principio constitucional de que la enseñanza básica es gratuita. Consideramos, en definitiva, que es necesario que el dinero público se dedique a la escuela pública para su mejora.

Cuando se habla de “itinerarios” el proyecto de ley dice en su art. 25.4 una cosa, “los centros sostenidos con fondos públicos deberán ofrecer todos los itinerarios”, y después se dice su contraria, que este principio general se podrá adecuar a las “necesidades generales y de demanda” y, por si esto no fuera suficiente, se contempla la creación de “centros con especialización curricular”. Para la Confederación de STEs esto quiere decir que los centros educativos podrán impartir los itinerarios que quieran; pero, claro, habrá que ofertar todos los itinerarios posibles en función del alumnado existente en cada localidad. Ante esto nos podemos preguntar ¿quién se especializará en los itinerarios que conducen al Bachillerato?, ¿quién ofertará el itinerario peor?, ¿quién ofertará los Programas de Iniciación Profesional?; y nos podemos contestar: está claro, la enseñanza privada, en virtud de la “libertad de enseñanza” y en la posibilidad que esta ley le dará de creación de “centros con especialización curricular”, ofertará los itinerarios que quiera y la enseñanza pública, que debe atender a todo el alumnado, deberá ofertar todos los itinerarios y, lógicamente, los Programas de Iniciación Profesional, programas que de hecho se convierten en un cuarto itinerario al que destacados pedagogos no han dudado en calificar como el “basurero del sistema”.

Los centros educativos podrán también tener un “ideario propio”, ideario que habrá de ser aceptado si se elige dicho centro

Las tres medidas que acabo de señalar, la posibilidad de no ofertar todos los itinerarios, la de ser centro de especialización curricular y la de tener que aceptar el ideario, tienen un objetivo claro y explicito: que la enseñanza privada pueda seleccionar a su alumnado, consiguiendo trasvasar al alumnado “bueno”, dicho entre comillas, de la enseñanza pública a la enseñanza privada concertada, e impedir que el “malo”, dicho también entre comillas, permanezca o llegue a la enseñanza privada concertada.

En definitiva, que para los STEs la segregación del alumnado en itinerarios que está siendo presentada por la administración y por algunos defensores de esta ley como la panacea a los problemas existentes, no solucionará los problemas actuales sino que los acrecentará y se establecerá una clara división entre los centros y los problemas se concentrarán en determinados grupos, itinerarios y centros públicos, pues los privados se “desprenderán” del alumnado problemático. La segregación traerá más problemas y conflictos a los centros públicos y dificultará, cuando no impedirá, el trabajo del profesorado en los centros que, sin duda, se convertirán en “guetos”.

Para la Confederación de STEs la enseñanza obligatoria es aquella que garantiza el derecho de todas y todos a una educación que desarrolle sus capacidades en igualdad de condiciones, aquella que dote a todo el alumnado de una formación sólida que le capacite para afrontar los cambios a los que habrá de enfrentarse en la vida, especialmente en un sistema laboral en que las competencias necesarias se renuevan rápidamente. En esta dirección, hay motivos para estar preocupados por el cumplimiento de este derecho, especialmente cuando es sabido que las desigualdades socioeconómicas y culturales de procedencia familiar de los estudiantes se manifiestan en mayores dificultades para éstos. Es preocupante cualquier medida que restrinja las posibilidades del alumnado de permanecer escolarizado o que segregue al alumnado con menor rendimiento, lo que supone reproducir y agravar las diferencias sociales.

La enseñanza obligatoria debe tener unos objetivos propios y un sentido en sí misma. Esta enseñanza será eficaz si logra sus metas, y no en función de niveles posteriores. En la enseñanza obligatoria no es tolerable ni la selección previa ni la interna, y se deben realizar todos los esfuerzos para evitar su abandono.
Los itinerarios demuestran claramente las intenciones del gobierno, dado que tratan de seleccionar lo antes posible al alumnado en función de su destino final. Con ello, el alumnado de familias acomodadas y con ciertas aspiraciones irá colocándose desde los primeros años en aquellos centros de Primaria de "mayor nivel" y mejor relacionados con los de Secundaria con ciertas optativas, que le permitan a su vez cursar un Bachillerato de calidad y optar a carreras universitarias de primera categoría, todo ello con todos los apoyos necesarios en forma de clases particulares o de otros medios. Al grupo de centros de "nivel superior", sobre la base de criterios de eficacia y rentabilidad, no podrán acceder más que unos pocos centros públicos, el resto serán privados concertados.

Los famosos “niveles”, la calidad del sistema y la reducción del fracaso escolar no tienen nada que ver con unas pruebas finales por muy amenazadoras que se quieran presentar. La calidad y la reducción del fracaso escolar sólo se obtienen mediante una intervención en cada una de las etapas, ciclos, niveles y cursos con las medidas pedagógicas y didácticas adecuadas, así como con la aportación de los recursos materiales y humanos necesarios para tratar la complejidad que tienen las diferentes situaciones de diversidad de alumnado. Aquí hay que señalar que nos resulta muy llamativa la ausencia de medidas de apoyo y refuerzo al alumnado con problemas en Ed. Primaria.

La reválida que se pretende justificar desde argumentos tan vagos como que es necesario un mayor nivel de exigencia en los estudios actuales, nivel que se alcanzará al superarla, atenta frontalmente, además, contra la evaluación continua que el profesorado realiza día a día sobre su alumnado. Se trata sin duda de una prueba de desconfianza de la administración sobre profesorado y alumnado, que en una sola prueba han de ser examinados de lo que ya han superado a través de la evaluación continua.

La reválida en el Bachillerato también significa la reintroducción fraudulenta de la selectividad. La superación de esta reválida es el requisito para el acceso a la Universidad, pero se da la paradoja de que, según la LOU, también ésta puede establecer una prueba cuando la demanda supere la oferta establecida. De este modo, el alumnado deberá superar en un sólo año tres exámenes decisivos para su futuro: el de Bachillerato, exigido conjuntamente por el Estado y la Comunidad Autónoma, la Reválida, exigida por el Estado para la obtención del Título, y la prueba o pruebas de acceso, exigidas por las Universidades.

Los STEs defendemos que la etapa de la escolaridad obligatoria debe ser una etapa de convivencia entre los niños y niñas y los jóvenes de distinta procedencia y distinta extracción social, de convivencia entre personas de distintas creencias y razas, de convivencia con “el otro”, con el que es distinto, pues la etapa de escolarización debe ser una etapa que sirva para el reconocimiento mutuo, para la valoración mutua entre los que son distintos, para contribuir con esta convivencia al mejor desarrollo democrático de una sociedad que cada día es más diversa, más múltiple, más plural. La segregación en itinerarios, la especialización curricular, los idearios, no contribuyen, al contrario, dificultan lo que debe ser una convivencia democrática en los centros escolares, como base a la necesaria convivencia democrática en la sociedad.

En paralelo con esta apuesta por la interculturalidad en los centros educativos, hay que señalar también que los países de la OCDE que tienen sistemas comprensivos (Finlandia, Japón, Corea, Reino Unido...) logran un elevado nivel educativo global, según el informe Pisa; por el contrario, los sistemas educativos segregadores (como el alemán) no aumentan los niveles. En España, con un sistema que es comprensivo sólo en el papel, no se consiguen los niveles de los países con este tipo de sistemas por tener un sistema educativo rígido y uniforme, que carece de los recursos humanos y económicos necesarios para atender a la hetereogenidad del alumnado.

Del profesorado se habla poco en este proyecto de ley y lo que se habla no nos gusta a los STEs y creemos que tampoco le gusta a la mayoría del profesorado. No se reconoce que el trabajo en las aulas se ha venido complicando un poco más cada día como resultado de una sociedad en continuo cambio, de una sociedad cada vez más compleja y, también hay que señalarlo, con la aplicación de la reforma educativa, ya que  la administración no ha tomado las medidas adecuadas para solventar estas complicaciones y hacer que la enseñanza mejore, pues lleva seis años descalificando el sistema y, por tanto, al profesorado.

El proyecto de ley habla de formación inicial y permanente del profesorado, pero para dejarlo tal y como está. No se cita la formación inicial de los maestros y maestras, pues se mantiene igual que está, por debajo de la media de la OCDE, fomentando la idea de que para educar a los más pequeños se necesita menos formación y cualificación que para hacerlo con los mayores; los STEs seguimos reivindicando el Cuerpo Único de Enseñantes. Sobre la formación permanente la ley no se atreve a valorar el fracaso que ha supuesto la aplicación de los sexenios y lo poco que éstos han contribuido a mejorar la formación permanente del profesorado, por más cifras que se quieran presentar de cursos realizados; los STEs consideramos que la formación permanente debe basarse en la reflexión conjunta de los Equipos de Ciclos, de los Departamentos, de los Claustros sobre la práctica docente, huyendo de la burocracia que supone la continúa repetición de cursos; es necesario que se reconozca el derecho a la formación en horario lectivo y que para que ésta pueda darse deben crearse en los centros las condiciones humanas y materiales necesarias.

El acceso a la función pública docente se también mantiene como está. La LOGSE, pese a intentarlo, no consiguió acabar con el problema del profesorado interino, pues en la actualidad hay un número muy parecido al que había cuando se aprobó esta ley. Desde los STEs consideramos que hay que acabar con la injusticia histórica que pesa sobre este colectivo y que debe modificarse el acceso, que deben modificarse las pruebas y que hay que reconocer en esta Ley el buen trabajo que viene realizando la inmensa mayoría del profesorado interino; hay que permitir su permanencia en el sistema con la aplicación de un “acceso diferenciado”, regulando el acceso del profesorado interino a modo y manera de como se ha realizado con los facultativos del Insalud hace poco tiempo, por medio de una ley aprobada en este Congreso.

El aumento de los controles, pruebas y reválidas como forma de mejorar el sistema que se contempla en el proyecto de ley se traslada también al profesorado y así se plantea hacer la evaluación del profesorado como forma de mejorar su práctica docente y se le quiere recompensar por ello, llegando a una nueva jerarquización del mismo, lo que hará más difícil el necesario trabajo en equipo de Claustros y Equipos docentes; al profesorado, sin embargo, no se le posibilita participar en la evaluación de la administración educativa ni en como ésta influye en la marcha de su centro.

La restauración de los viejos cuerpos de catedráticos y directores supone una vuelta al pasado, que en nada va a mejorar el sistema; la administración, si considera que los catedráticos son los mejores profesores y profesoras debería encargarles como una de sus funciones el enseñar al alumnado más problemático, como la mejor forma de mejorar nivel y preparación.

Sobre el profesorado de privada concertada valoramos positivamente que se indique en la ley que sus retribuciones tienen que ser como las del profesorado de pública, pero lamentamos que esta medida no se temporalice y lamentamos también que aunque este profesorado cobre con dinero público no se regule que su acceso debe tener también control público. Los STEs proponemos, por tanto, que se temporalice la equiparación salarial y que, al mismo tiempo, se regule el control público del acceso de este profesorado a los centros privados concertados.

Para la Confederación de STEs la no consideración del Claustro y del Consejo Escolar como órganos de gobierno de los centros docentes es un claro retroceso democrático que no tiene justificación, pues reducirá la autonomía real de los centros educativos y no contribuirá a mejorar ni la convivencia en los centros ni el trabajo en equipo del profesorado. Tenemos la impresión de que al “profesionalizar” la función directiva se pretende por parte de la administración el tener un equipo directivo con un talante mucho más “comprensivo” con sus medidas y con sus fallos y el tener un elemento controlador y fiscalizador. La ausencia de candidaturas a la dirección de los centros en el porcentaje actual  no significa que la comunidad de cada centro, ni el profesorado como parte de la misma, deseen el sistema de directores profesionales. Los STEs, pese a los problemas, seguimos defendiendo que los órganos unipersonales de los centros sean elegidos por éstos, como parte de la cultura democrática y participativa que existe en la enseñanza.

El gobierno, la Sra. Ministra habla de motivar al profesorado, pero las medidas que se proponen y que acabo de citar tienden a jerarquizarlo e infravalorarlo y algunas suponen un retroceso con lo que ya existe en algunas comunidades, me refiero en concreto a la disminución en horario lectivo a los mayores de 55 años con disminución de sus retribuciones.

La nueva asignatura “Sociedad, cultura y religión” nos pone grotescamente de manifiesto que la aconfesionalidad del Estado recogida claramente en la Constitución, sigue siendo una asignatura pendiente. Las dos opciones de esta asignatura como evaluables y computables para la nota media nos vuelven a llevar a lo que ya parecía que había quedado claro y resuelto con la sentencia del tribunal Supremos de 1.994, que si lo que se enseña y evalúa en la opción no confesional es necesario para la formación integral del alumnado, no se puede privar de estos conocimientos al alumnado que elige la opción confesional, pues sería una discriminación. Imaginamos que los tribunales tendrán que volver a actuar y a poner las cosas en su sitio. Los poderes públicos, desde el punto de vista de los STEs, puede garantizar el derecho constitucional de los padres a que sus hijos e hijas reciban formación religiosa sin que esta forme parte del currículun y sin que esta quite horas de formación necesarias para otras asignaturas; las confesiones religiosas pueden y deberían dar la formación religiosa fuera del horario escolar.

También habría que hablar sobre la falta de una ley de financiación, pero como hay poco tiempo, únicamente decir que cualquier medida legislativa que pretenda ampliar los servicios educativos y no cuente con la necesaria financiación, está destina al fracaso.

Para ir terminando quiero decir que esta ley se puede calificar de sexista, pues se olvida e ignora en su articulado a las alumnas, a las profesoras, a las madres... El proyecto de ley ha estado redactado por personas con un lenguaje sexista, no coeducado, pese al trabajo realizado y el dinero empleado por el propio MEC y por la Dirección General de la Mujer del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en estos últimos años para que el lenguaje refleje la realidad de nuestra sociedad.

Quiero terminar diciendo que el profesorado y el resto de la ciudadanía que defiende la enseñanza pública, como enseñanza democrática, igualitaria y de calidad para todos y todas, no  vamos a permanecer al margen de la tramitación de esta ley, que vamos a movilizarnos, pues estamos convencidos de que es necesario salvar la enseñanza pública, de que es necesario impedir que se llegue a lo que parece que quiere llevarnos el gobierno, a que la enseñanza pública sea subsidiaria de la enseñanza privada. Sabemos, y la historia nos lo enseña, que calidad para unos pocos es privilegio, y sabemos que la enseñanza pública es la única que puede garantizar que la calidad sea para todos y todas.

Madrid, a 7 de octubre de 2.002