| Bajo una sola palabra (crisis) pretenden
ocultar la realidad: no estamos ante una crisis a secas, se
trata de la crisis de un sistema social y económico que
genera explotación, pobreza, injusticias, represión,
guerras… Todo el vocabulario que rodea la crisis oculta la
causa, que no es otra que el actual sistema capitalista y su
tan defendida globalización neoliberal.
Estamos inmersos en la primera crisis del
sistema capitalista tras la denominada
globalización económica.
La situación actual debería servir para
comprender que el capitalismo nunca fue un sistema capaz de
distribuir riqueza y generar bienestar, contra lo que
defiende el discurso de la clase dominante. La depredación
desatada por las transnacionales, que no es otra cosa que
imperialismo de nuevo cuño, ha provocado fracturas sociales
de difícil cura, y ha comenzado a devorarse a sí misma. Ver
a los gobiernos y a los bancos centrales librar fondos sin
fin para salvar a las grandes corporaciones financieras, en
lugar de legislar penalmente contra los resultados de la
especulación y de evitar que las clases más desfavorecidas,
las clases medias y en una medida nada desdeñable el sector
público, pague los platos rotos de una crisis en cuya
gestación nada han tenido que ver, demuestra sin duda la
complicidad nada disimulada del poder político con la salud
del gran capital.
El modelo de crecimiento en el Estado
Español, desde hace al menos diez años, se ha basado en dos
pilares fundamentales: la construcción y el consumo privado,
un consumo privado no asentado en el incremento salarial
sino en el endeudamiento de las familias. La economía, a
todos los niveles, es cierto que ha ido creciendo, pero
todos los gobiernos de este periodo han perdido de vista un
dato elemental: se crecía a crédito, con el consiguiente
endeudamiento. El endeudamiento tiene como consecuencia
directa la reducción del consumo y por tanto, a medio plazo,
del crecimiento. Pero es que además los salarios no se han
beneficiado de este crecimiento, llegando incluso a perderse
objetivamente poder adquisitivo, dado que el gran
beneficiario ha sido el excedente empresarial.
La realidad actual de la mayoría de la
ciudadanía y de los trabajadores y las trabajadoras no es
nueva, simplemente se ha agudizado: las dificultades para
encontrar trabajo o vivienda, la privatización de los
servicios públicos (concebidos por los gobiernos como un
negocio y no como un derecho), con el consiguiente deterioro
y precariedad de la red asistencial: el transporte, el
sistema sanitario, la enseñanza, la asistencia y prevención
de la violencia contra las mujeres o los centros de atención
a personas mayores.
Por otro lado, en los últimos años se han
intensificado la políticas de contención de los salarios
mientras que al mismo tiempo el beneficio empresarial
aumenta día tras día, el poder adquisitivo se reduce y el
IPC se dispara muy por encima de las previsiones oficiales.
Para los trabajadores y las trabajadoras es indispensable
seguir demandando la cláusula de revisión salarial en todos
los convenios colectivos, incluyendo su regulación para el
sector público, así como aumentos salariales que compensen
las constantes pérdidas de poder adquisitivo.
En el Estado Español, la contención
presupuestaria afecta a los derechos laborales y sociales, y
a las condiciones de vida del conjunto de la sociedad. Los
últimos Presupuestos Generales han sido claramente
restrictivos para quienes sufren la crisis, y generosos para
los sectores que la han provocado. No se entienden las
cuentas públicas y la ausencia de medidas concretas para una
situación concreta cuando el paisaje lo completan más de
600.000 nuevas personas paradas a diciembre del pasado año y
la disminución más que notable de los contratos de carácter
indefinido a jornada completa. Además, esta crisis afectará
de forma importante a las mujeres, que siempre han sido las
que más han sufrido la precariedad laboral, y cuya tasa de
paro continúa siendo notablemente superior.
El dinero, la obtención de beneficios, el
enriquecimiento rápido, la mercantilización general de la
sociedad, se han convertido en la medida de todas las cosas.
Pero no es un fenómeno nuevo: es la base
del sistema capitalista ahora en crisis. Por eso, deberían
ser ellos, los defensores de este sistema y su economía de
mercado quienes pagaran una crisis que sólo ellos han
provocado.
La crisis que la paguen
quienes la provocaron
Es imprescindible defender las inversiones
públicas para la creación de empleo público en sectores como
la educación, la sanidad, los transportes… así como rechazar
los recortes presupuestarios para este fin.
Planteamos la necesidad de la creación de
una banca pública como la única forma de que los
trabajadores y trabajadoras, y la ciudadanía en general, no
vean comprometido su salario, ni sus pensiones, ni sus
ahorros, ni su vivienda por una especulación financiera
voraz.
Contra la precariedad
laboral
Por la defensa del empleo estable, digno y
seguro; contra las EREs y contra las pretensiones de las
patronales de flexibilizar aun más la contratación.
Denunciamos las ETTs y los contratos basura.
Lucharemos para que no se retroceda más en
los derechos laborales, y por erradicar precariedad laboral
que afecta a las mujeres, que tienen mayores dificultades en
el acceso al empleo, que cobran menos que los hombres por el
mismo trabajo, que son contratadas para los puestos de menor
remuneración, menos cualificados y a jornadas parciales.
Al mismo tiempo es imprescindible demandar
el cumplimiento de la legislación en materia de riesgos
laborales, y exigir a las empresas el respeto a las normas
de salud laboral. Más salud equivale también a menos
precariedad.
En defensa de los
Servicios Públicos
Defendemos la transformación y mejora de
sus estructuras en aras de una eficacia que no sólo conlleve
la consolidación del nivel de prestaciones existente, sino
que las amplíe cualitativa y cuantitativamente. Exigimos el
control público real de su gestión.
Hemos de agudizar la lucha contra los
procesos de privatización: externalización, concertación de
servicios, gestión privada o gestión pública con criterios
de rentabilidad económica...
Hoy más que nunca es necesario
posicionarse contra la precarización y el empeoramiento en
las condiciones de trabajo del personal que trabaja en estos
servicios, y contra la pérdida de los servicios públicos
universales como derechos.
Retribuciones que
permitan una vida digna
Reivindicamos el aumento de la capacidad
adquisitiva de los trabajadores y trabajadoras, y
denunciamos la pérdida continuada del valor real de los
salarios.
Exigimos la cláusula de revisión salarial
vinculada a las subidas del IPC, así como las medidas
necesarias para recuperar el poder adquisitivo perdido
durante la última década.
Consideramos imprescindible que el Sueldo
Mínimo Interprofesional y la Pensión mínima suban hasta un
mínimo de mil euros.
Se hace necesario aumentar el período de
cobro del subsidio de desempleo.
Rechazamos, en cualquier circunstancia, la
discriminación salarial que sufren las mujeres.
Reparto del trabajo
Trabajar menos horas y menos años para
trabajar todos y todas. Defendemos la reducción generalizada
de la jornada laboral a 35 horas semanales y la jubilación
voluntaria a los 60 años.
Rechazamos la política de horas
extraordinarias en la jornada laboral. La directiva europea
de las 65 horas es inaceptable.
Defendemos el principio de igualdad entre
mujeres y hombres, y la lucha contra cualquier
discriminación profesional, salarial o social y la exigencia
de la implantación de Planes de Igualdad en todas las
administraciones públicas y empresas.
Confederación Intersindical,
1º de mayo de 2009. |