|
A 21 de enero de 2009
Sin
armas y a reír Sin armas y sin miedo
En una oscura noche de
invierno soñé que me llevaba todas las armas, iba subido en
mi caballo blanco alado y las fui cogiendo una a una, hasta
que no quedó ninguna. Era un 30 de enero y la luna y las
estrellas no alumbraban, estos astros me ayudaron para no
ser descubierto, eso sí, no hice ni chispa de ruido.
Me di bastante prisa
porque había muchas armas que coger, ya que todos los países
del mundo en ese día tenían armas. Nadie se dio cuenta de mi
gran robo, quizá porque había poca luz, tal vez los
vigilantes estaban despistados o no se lo esperaban, quién
sabe cuál fue la razón… es posible que fuera un 30 de enero
mágico y de sueño. Recuerdo que al pasar por la India, un
señor muy amable llamado Gandhi me deseó buena suerte. Y
curiosamente los soldados que estaban en guerra, es decir
pegando tiros, al vernos pasar nos daban las armas
sonrientes y se cruzaban de brazos.
Además de mi caballo
volador llamado “Risa”, también tenía un poder muy especial,
porque podía hacer las cosas muy pero que muy pequeñas. Por
ejemplo; un tanque lo conseguía hacer del tamaño de un
minúsculo trozo de la pata de una hormiga; un avión de esos
de guerra, lo podía convertir en menor que una parte de
media cabeza de alfiler; los helicópteros los reducía en más
de la mitad de un granito de café, de esos que casi no se
ven.
Como había mucho material
que cargar en todo el mundo y para evitar tener que hacer
dos, tres o cuatro viajes; “Risa” carcajeando llamó a sus
amigos y amigas: “Risitas”, “Risejas”, “Risillas”,
“Risetona”, “Risetón”, “Risabel” y “Risaura”. A pesar de
todas estas ayudas tuve que hacer a estos objetos de acero,
primero el doble de pequeños, luego el triple, después el
cuadruple, y hasta el quintuple de diminutos para poder
cargar con todos ellos de una vez.
Se me ocurrió decir -¿os
imagináis si también hubiera armas en los otros planetas
Marte, Saturno… y tuviéramos que quitárselas para que no
tuvieran guerras? Los pacíficos caballos y las yeguas se
rieron y carcajearon durante un rato.
Éramos como los Reyes
Magos o Papá Noel; con la única diferencia de que en lugar
de regalar, quitábamos las armas a las fábricas y cuarteles,
mientras soñaba se me ocurrió pensar, si este hurto no sería
también un regalo para ellos y ellas y para la humanidad.
¿Pero dónde iríamos con
todas estas armas para que no se pudieran ver, ni recuperar,
ni usar? Lo de guardarlo en cuevas era muy conocido y en
seguida lo encontrarían, igual pasaría con hacer una gran
zanja en el suelo y enterrarlas o con meterlas en una caja
fuerte… por lo que decidí de forma rápida quizá por el
cansancio, meterlo todo en algo muy propio de cada uno o una
la cama, un sitio útil para despistar a los que quisieran
buscar sus armas, que desde luego serían bastantes, porque
¿cuántos países hay en Europa, en América y en Asia?, así
quedé dormido, pensando de nuevo que a nadie se le podía
ocurrir que tenía todas las armas del mundo escondidas en mi
cama.
Llevaba un buen rato sin
soñar con nada; cuando me di cuenta de que los caballos y
las yeguas se habían marchado, probablemente al dejar de
soñar y también porque tenían cansancio de la larga noche.
Noté que alguien con bigote, gorra y con estrellas en los
hombros trataba de quitarme un tanque. Y le tuve que decir:
- ¡oiga!, que este tanque es mío.
Este señor que parecía un
mandamás, me acusó de cometer un gran delito internacional y
me amenazó con que sería juzgado. Le dije que se fuera de mi
sueño, que no le había llamado. Después de fijarme bien,
alrededor de mi cama había bastantes señores de estos que
llaman “de la guerra” y con cara de enfado, creo que me
decían todos, devuelva todas las armas o algo así. Me fui a dar la vuelta en la cama para no verles la cara y
pensando en que el mundo estaría mejor sin armas, cuando
noté que ésta estaba algo durilla con tantos trozos de metal
y acero que tenía debajo del edredón y de mi cuerpo.
Oí un gran vozarrón que
decía, -¡devuelva las armas a su sitio y a su tamaño!.
No me quedó más remedio
que preguntar: -¿para qué quieren las armas?
Otro mandamás en no sé qué
idioma dijo algo que no entendí, pero el del bigote le
tradujo: -¿imagina usted un país sin armas?
Le dije: sí.
Entonces hice lo único que
podía y sabía hacer, convertirme en muy pero que muy
pequeño, tan minúsculo que no me pudieran ver. Estaba justo
al lado de una gran bota de esas de militares y me parecía
grandísima, para evitar que me hiciera papilla con un
pisotón, me fui poco a poco a un rincón de la habitación,
allí hice mi guarida en una raya negra, de las que hay entre
las baldosas y ahí me agarré a un resalte que encontré.
Tenía mucho miedo por si
me pisaban o me cogían. Pensé que igual o peor miedo se
debía pasar en las guerras, me alegraba de haber quitado
todas las armas del mundo, además esto solamente era un
sueño, el mío, ¿por qué tanto lío?
Un señor con traje
elegante, que debía ser empresario de los que fabrican
armas, dijo algo que después se tradujo en coger una escoba
y barrer, pero como yo estaba pequeñísimo y en un rincón muy
escondido, no consiguieron arrastrarme con los escobazos, ni
verme, aunque para buscarme usaron una gigantesca lupa que
daba miedo por el tamaño.
Desperté recordando todas
las guerras que había en el mundo, y me volví a dormir, para
volver a soñar que un mundo sin armas y con risa se podría
lograr. Otro mundo es posible.
ACTIVIDADES PARA 3º CICLO DE E.P. Y 1º CICLO DE ESO:
1.- Pon otro título al
cuento. 2.- Pon otros nombres a los caballos y yeguas con alas. 3.- ¿Cómo llamarías al niño o a la niña que tiene este
sueño? ¿Cuántos años tiene? ¿En dónde vive? 4.- Busca en el diccionario las palabras que no comprendas. 5.- Inventa otro final del cuento. 6.- ¿Quién es Gandhi? 7.- ¿Qué pasaría si no hubiera armas? 8.- ¿Por qué los soldados dejaban las armas y sonrientes se
cruzaban de brazos? 9.- ¿Por qué puede ser que no se dieran cuenta los
vigilantes de que les quitaban las armas, o realmente se
daban cuenta y las querían perder? 10.- Inventa un cuento en el que las armas se doblan, se
pierden o no funcionan. 11.- Resume el cuento. a) ¿Qué quiere conseguir ese niño o niña?
Felipe Moraga Vacas en
contra de las armas, a favor de la palabra y el diálogo.
|